Chile; elecciones presidenciales y el llamado a la abstención


 

 

 

Armando Romero

aitue-logo

Distintas organizaciones políticas en el marco de las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias, llamando a no votar y levantando con fuerza la consigna de #YoMeAbstengo

 

 

 

 

La abstención electoral una realidad actual, que los medios de comunicación han pretendido su invisibilidad ante la opinión pública. El gobierno mediante una campaña de publicidad, ha llamado a sufragar este domingo 19. En un patrón electoral de 14.121.316 habilitados para votar. Más de 9 millones se abstuvieron en las elecciones municipales pasada. Es decir, un 34% participo del proceso electoral.

 

La clase política ha tratado de bajarle el perfil a esta realidad, hay diferentes factores que convergen en el rechazo ciudadano…en estas elecciones desde la neoizquierda y el llamado progresismo, pretendes instalar la culpa en la gente, amenazando que de no vota, el que gana seria Piñera…los partidos políticos de la actual Nueva Mayoría elude las responsabilidades, en haber administrado el sistema heredado de Pinochet, con una constitución espuria, un modelo económico que ha enriquecido a unos pocos, en desmedro de la gente que creyó, en esa alegría que jamás llegaría.

 

 

Las razones para no participar van desde las más políticas, hasta los que manifiestan un desinterés absoluto propio de una cultura individualista. Sin lugar a duda herencia del legado pos dictadura.

Lo cierto es que la gente no cree en esta clase política corrupta, con una escasa representatividad y cercanía con la ciudadanía, quienes siente que sus necesidades y demandas son ignoradas. Se gobierna para los poderosos, donde unos pocos usufructúan de las ganancias del modelo económicos impuesto por Pinochet.

Ciertamente, lo que queda en evidencia en la abstención es el rechazo del pueblo no organizado, hacia quienes han gobernado el país…una capta política inamovible que legitimo una constitución y modelo económico, pactada con la dictadura en la llamada “transición”

 

En realidad, elección tras elección, los chilenos y chilenas han confirmado que votar no soluciona nada, que es intrascendente y, que, a pesar de las promesas de alegría del conspirador del golpe militar, Patricio Aylwin, pasando por los gobiernos de turnos que privatizaron bienes de uso público…  hasta las maquilladas reformas de Bachelet, nada ha cambiado sustancialmente en el país. Al final, la alegría de la vieja Concertación no cambió nada, salvo engordar la billetera de la clase política y empresarial. Hoy el legado de Michel Bachelet se resume en mantener los privilegios para los militares y empresarios.

 

Este domingo 19 de noviembre ningunos de los candidatos presidenciales, son alternativas reales de cambios…los que están instalados en el poder buscan mantener sus privilegios, desde la neoizquierda emergente con un discurso populista, aspiran a una cuota de poder, pero sin profundizar en radicales cambios.

 

 

En efecto, la gente percibe que los partidos políticos, sin distinción, gobiernan para ellos o para los ricos que los financian, un Chile donde la corrupción se instaló en la sociedad como una práctica cotidiana, se ha institucionalizado a todo nivel de la sociedad civil y uniformada. El voto no ha de cambiar nada, solo repartir el poder en la clase política coludida en el poder.

 

Los datos investigados por CIPER, muestran el resultado de la baja participación electoral en la última elección de alcaldes; en comunas como La Granja sólo voto el 21.1 %, en La Pintana el 21.3 %, en Santiago el 22.3 %, Puente Alto 23 % y el Bosque 23.4 %, colocando a Chile como el país con menos participación en la región. Estas cifras de abstención es un claro indicador, del rechazo mayoritarios, de quienes se atribuyen la representatividad del pueblo.

 

La candidata del Frente Amplio, Beatriz Sánchez consiente que no pasara a segunda vuelta, se enfoca en aumentar el número de parlamentarios de Revolución Democrática, un FA que pareciese tener fecha de vencimiento.

Los emergentes políticos de la neoizquierda, parecen obviar que históricamente las clases dominantes han instalado en el consiente colectivo, la idea que la democracia liberal, con su institucionalidad electora, es la única forma que tiene la sociedad de participación, para determinar su futuro…

 

. Pero lo que ocultan, en realidad, es que estos mecanismos se han transformado en un proceso o ritual accesorio para legitimar el control que ejercen los grupos de poder económico, quienes han construido un Estado funcional al abuso de los patrones y su explotación capitalista.

 

 

Lo que es peor, se crea una falsa idea de participación, entregando un relativo espacio de poder ciudadano…así se mantiene la falsa imagen de que, en el sistema, hay participación para todos e influir en la toma de decisiones.

 

En efecto, asistimos a una crisis de la democracia burguesa, que ha perdido representación y legitimidad. El conjunto de la clase política está involucrado en la corrupción, el financiamiento de la política por parte de los empresarios, no ha de cambiar por una Ley más. A nivel de las instituciones del Estado, asistimos a la podredumbre corporativo de las fuerzas Armadas y Carabineros se roban la plata y se encumbren los ilícitos, mientras se reprimen la protesta social, al Pueblo Mapuche y toda expresión de descontento social.

El Congreso legisla para los grupos económicos, ampara su propia complicidad en la corrupción. La iglesia ampara a pedófilos y abusadores. Grupos empresariales concentran el poder en los medios de comunicación.

 

 

Una crisis que ha provocado el fallecimiento de 239 trabajadores en 2016 como consecuencia de las precarias condiciones de trabajo en las empresas. Una crisis que ha militarizado el territorio Mapuche para contener las justas demandas por territorio y autonomía, asesinando y encarcelando a través de montajes a los mapuches.

De igual forma, más de 20 mil chilenos y chilenas fallecieron el año pasado esperando atención en la salud pública, en las llamadas listas de espera. Del mismo modo, 1.313 niños y niñas muertos en el Servicio Nacional de Menores, SENAME, en los últimos 10 años, producto de la desidia e indolencia del Estado.

 

En estos días escuchamos a los candidatos hablar de cambios, de representación ciudadana, de participación… Hoy como nunca se lucra con todo, porque la vida misma ha sido privatizada y ya nada nos pertenece porque el Estado ha vendido la electricidad, el agua potable, las carreteras, la telefonía, el mar y los recursos naturales. Hoy, en el país, nada es nuestro, sus dueños las transnacionales.

Por supuesto, que los políticos no se hacen cargos de la entrega a capitales foráneos de nuestras riquezas naturales.

Mientras la parafernalia electoralista confunde a los chilenos haciéndoles creer que el voto es poder y que esta vez tendremos cambios reales, la mediocre “nueva izquierda” intenta convencernos que no votar es hacerle el juego a la Derecha y que sólo ellos son alternativos al modelo…le mienten a la gente y pretenden instalar el miedo en el pueblo.

En este sentido, han satanizado cualquier ejercicio distinto que articule la sociedad de manera distinta como la conciben a su conveniencia. En sus mentes serviles al modelo, no existe la posibilidad de un pueblo y comunidad organizada de manera directa, desde abajo, en órganos y asambleas autónomas del Estado. Para ellos, sólo existe la vía institucional, la misma que opera bajo la Constitución de Pinochet.

 

Los dispersos colectivos de la izquierda revolucionaria, carecen de la capacidad de levantar una alternativa unitaria. A fin de cuentas, la dictadura y el primer gobierno de la concertación, lograron destruir y aniquilar toda resistencia al sistema. Así mismo no es casualidad que pusieran énfasis, en aislar a los sectores más consientes, los miles de presos políticos fueron relejados de toda política de reparación integral. Hoy el gobierno y la clase política continúa negando sus derechos conculcados.

 

 

Lo que es peor, los candidatos eluden referirse a los amarres de la dictadura…siendo cómplice al ocultar la verdad, del modelo neoliberal con todo sus entramado jurídico-político, que imposibilita las transformaciones radicales necesarias para reconstruir la soberanía popular. Es mentira que, con una mayoría en el parlamento, se podrían hacer profundas reformas…en rigor todo se negocia y se cocina entre cuatros paredes.

 

 

Ciertamente, la constitución pinochetista contempla una serie de Leyes Orgánicas que son imposibles de cambiar sin el consentimiento del empresariado, los militares y los partidos de derecha. Leyes que establecen un Tribunal Constitucional, órgano antidemocrático que está por sobre el Parlamento y el Gobierno y que puede anular cualquier ley aprobada desde el Congreso, un Consejo de Seguridad Nacional con autoridad, incluso, de destituir al Presidente de la República. Leyes que dan autonomía al Banco Central para hacerlo más dependiente del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, leyes que designan como garantes y tutores de la Constitución a las Fuerzas Armadas y de Orden.

 

Por lo tanto, no existe posibilidad alguna de transformación social dentro del sistema antidemocrático. Y que nadie se equivoque: en las actuales condiciones impuesta por la dictadura, siempre ganarán los mismos de siempre, y quien afirme lo contrario, como el Frente Amplio y otras orgánicas que participan del engaño electoral, sólo le mienten al pueblo descaradamente, para acceder a cuotas de poder.

 

 

Por tanto, querer cambiar este orden cosas participando dentro de las reglas impuesta por el modelo es una ingenuidad que sólo sostiene la vieja politiquería añosa y corrupta. En este escenario antidemocrático y excluyente, participar de las elecciones es hacerle el juego a la Derecha cómplice de los crímenes de la dictadura y a los serviles partidos de Nueva Mayoría, que han administrado ventajosamente el modelo de mercado.

 

No se puede continuar amparando la inconstitucionalidad impuesta, con la sangre de miles de chilenos que lucharon contra la dictadura. La izquierda revolucionaria debe dejar en evidencia las contradicciones y mentiras del modelo, impulsando una franja social crítica que coloque las ideas socialistas como alternativa al capitalismo, promoviendo que en cada espacio local la participación democrática y la organización autónoma del pueblo.

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En el marco de la jornada de protesta y agitación convocada por una franja de la izquierda revolucionaria en torno a la campaña de abstención electoral, la organización Trabajadores y Trabajadoras al Poder instaló barricadas en la zona sur de Santiago, específicamente a la altura del metro Mirador.

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