México; Tepito un barrio donde las injusticias pintaron sus calles


Armando Romero

AITUE NOTICIA

México donde las tradiciones y su cultura se funde en ese colorido mosaico de identidad urbana. Donde la represión y miseria son parte de ese paisaje cotidiano de habitantes.

En mis años en México en un barrio Bravo encontré la solidaridad sin etiqueta, la resistencia de un pueblo ante el abuso institucional del Estado. En Tepito su gente me abrió las puertas de sus humildes hogares, conocí mil historias de injusticia, de lucha y de auto gestión popular. Camine por sus túneles y calles, compartir con esforzados comerciantes ambulantes, para la sociedad y la clase política corrupta, sólo son delincuentes del comercio clandestino en el DF.

En Tepito me brindaron protección y refugio, en ese tiempo  de persecución política. desde Gobernación se decretó mi detención y expulsión de México. Siempre estaré agradecido de esa gente que sin preguntar, me acogieron en esos días, arriesgando sus vidas por un desconocido.  “Y Tepito se va delineando como cementerio de ambiciones, congregación de rateros, encrucijada de la ‘mota’ y de lo ‘chueco’, de la droga mínima y el robo artesanal. Imágenes convencionales: puestos de fierros viejos, vecindades, un hombre atraviesa la plaza de Fray Bartolomé de las Casas con una botella de cerveza en la mano y la capacidad infinita de santiiguarse ante la iglesia de San Francisco el Chiquito. Aquí todo pasa. Todo cabe en el Tepito de la leyenda queriéndolo acomodar: aquí uno se acuesta pobre y se levanta más pobre; aquí en estas vecindades, donde se paga hasta ocho y diez pesos mensuales, una familia se defiende con plomo derretido del asedio de acreedores”. Ante todo son personas marcadas por la estigmatización y marginalidad. En sus calles y recovecos supe de la calidad humana de su gente, un submundo que es mucho  más que drogas y delincuencia. 




Acá se vivio la última batalla entre mexicas y españoles. Sede de la iglesia de la Conchita, donde a Cuauhtemoc le quemaron los pies y lo aprisionaron. Tepito lleva en su historia la marca de la tradición. Un barrio bravo y guerrero, símbolo de resistencia. Y para muestra basta un ejemplo: en la época de la invasión estadounidense de 1847, los barrios de Tepito, Mixcalco y Candelaria de los Patos intentaron diezmar al ejército de Winfield Scott, mientras el resto de la capital se doblegaba.

Desde épocas prehispánicas, el barrio de Tepito ha sido el lugar donde los guetos mexicanos son una realidad y que coincide con que sea la zona más temida de la ciudad. Aquella rodeada por un halo invisible que no permite que los extraños entren. Su gente vive feliz en un lugar lleno de tradiciones, pero los ajenos se convierten en pequeños animales llenos de temor, espanto y cautela cuando cruzan el umbral tepiteño.


Siempre se ha dicho que en la ciudad de México hay muchas ciudades, y Tepito se adueña de la afirmación. Desde la Nueva España, Hernán Cortés relegó a los indígenas a esta zona, a aquellos que él llamaba “gente sin razón” y los asentó en este nuevo lugar muy cerca de la metrópoli, pero no en ella. Ésta fue la primera etapa de segregación del que después se  convertiría en uno de los barrios más peligrosos de México.


Durante el Porfiriato, Miguel Ángel de Quevedo, presidente del ayuntamiento de la Ciudad de México, reubicó el tianguis El volador que se localizaba a un costado del Palacio Nacional. Todos esos comerciantes se trasladaron a Tepito, y continuaron con la tradición ancestral de comercio que calificaba a este barrio.




Su evolución fue lenta y organizada. Construían sus casas, establecían redes internas de comercio y elaboraban piezas artesanales que les permitían vivir. La zona se transformó en un barrio de comerciantes, de personas que buscaban tener una mejor vida con sus propios recursos sin ayuda de nadie.


Ya en el siglo XIX, Tepito comenzó a ser famoso por su tianguis. La plazuela de San Francisco, lugar donde los vendedores se reunían, comenzó a expandirse a los alrededores. Vendían cualquier tipo de enseres, desde fierros viejos hasta ropa y zapatos, muchos de los cuales, según el periodista Héctor de Mauleón, provenían del hurto. El gobierno trató de ayudar a los habitantes y permitió que los puestos se asentaran para poder expender sus productos, sin embargo, la situación empeoró: en 1897, los informes del gobierno aseguraban que en la noche esos puestos funcionaban como dormitorios y como vivienda de los comerciantes, lugar donde criaban animales, donde hacían sus necesidades y existía todo tipo de contacto íntimo.




En los años 20 y 30 se crearon múltiples colonias en el resto de la ciudad: nació la del Valle, las Lomas de Chapultepec y la metrópoli se transformó en una mucho más separada y aislada: la clase alta se concentró en colonias con mejores casas y el centro histórico perdió su elegancia. Las propiedades quedaron en manos de los campesinos, quienes se trasladaban a la ciudad para buscar empleo y mejores oportunidades de vida. Las vecindades crecieron con esta transformación de la ciudad y cada vez más personas se trasladaron a Tepito para asentarse.




Los tepiteños continuaron con la fabricación de mercancías. Los zapatos fueron su principal producto y hasta hace poco, continuó produciendo muchos de los que utilizaba el resto de la ciudad, hasta que los productos importados cobraron un auge atroz, que acabó, tanto con las artesanías del barrio, como con los productos hechos en México.


El boxeo se convirtió en un motivador aspiracional de los tepiteños, pues del barrio empezaron a salir los más célebres de todos los tiempos, tales como el Ratón Macías o el Púas Olivares. Sin embargo, más tarde, con el gobierno de Luis Echeverría, los tepiteños se centraron en otro negocio bastante redituable.




La fayuca se convirtió en el producto más comerciado por los tepiteños. Comenzó un contrabando hormiga masivo. Primero a través de maletas, después en camionetas, camiones y hasta trailers, y pronto, asegura el periódico La Jornada, se comenzaron a enviar dedsde Tepito a la frontera camiones llenos de yerba.

Tepito aún continúa con la fama de fayuquero, aquel lugar en el que puedes encontrar los mejores productos al menor precio pero la transacción implica su riesgo: la delincuencia es una realidad, como lo han sido las masacres efectuadas por las policías. 

En Tepito todo es posible, donde la vida se tiñe de esfuerzo y sangre. Un barrio marginal en el corazón del barrio histórico del DF.


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