India: millones de trabajadores en lucha por sus derechos


Armando Romero

Reportero Sin Fronteras

AITUE NOTICIA

India desde hace un tiempo están acontecido sucesos histórico, que los medios han tenido a bien silenciar.

«”La India de Modi. La de los récords, los eslóganes y un marketing en el que no tiene competidores. La que crece por encima del 7%. La que quiere atraer a inversores mundiales. La “Nueva India”, como él mismo dice.

La otra cara de esta nueva India, sin embargo, es la de al menos tres huelgas generales secundadas por más de 100 millones de trabajadores que se oponen a las políticas laborales del partido gobernante Bharatiya Janata Party (BJP). Tres en sólo una legislatura de cinco años.”»- fuente el diario.es-

La huelga general de dos días logró paralizar al país. Amarjeet Kaur, secretaria general de la federación All India Trade Union Congress (AITUC), se trata de una movilización sindical de proporciones nunca antes vistas ha señalado a los medios de prensa internacional.

El impacto de esta última huelga general no se mide tanto por su peso cuantitativo, sino por el tiempo en que se produce. La indignación de decenas de millones de trabajadores le ha estallado al gobierno de Modi a las puertas de unas elecciones generales previstas para abril-mayo, en las que intentará mantener el poder.

Los sindicatos celebran que el seguimiento fue masivo, especialmente en estados como Kerala, Bengala Occidental, Odisha o Maharashtra. Las minas de todo el país, dicen, echaron el cierre; la vida quedó parcialmente paralizada en grandes urbes como Delhi o Bombay; las zonas industriales de Punjab, Haryana o Rajastán tuvieron una “buena respuesta”; los trabajadores bloquearon las vías del tren en numerosas ciudades como Calcuta, Chennai o Thiruvananthapuram; los autobuses públicos no salieron de las cocheras; numerosos distritos tuvieron que ordenar el cierre de los centros educativos ante las dificultades de movilidad.

“La expansión sin precedentes y la participación activa de los trabajadores en esta huelga de dos días es un indicador claro del grado de rabia e indignación de los trabajadores contra las políticas neoliberales y los ataques en sus condiciones de vida y trabajo perpetrados por el gobierno”, señaló la federación sindical Centre of Indian Trade Union (CITU) en un comunicado.

En sectores como el transporte, la banca pública, la industria energética, las minas de carbón, el comercio, las oficinas gubernamentales, el sector informal y numerosas fábricas la participación de los trabajadores fue masiva: las principales ciudades, parcialmente paralizadas; carreteras y vías de tren, bloqueadas; negocios y sucursales, cerrados; plantas de producción, vacías.

Las huelgas de estas dimensiones no son raras en la India. La mayor huelga registrada en la historia mundial tuvo lugar en la India en 2016, cuando 180 millones de trabajadores protestaron contra el gobierno del primer ministro Narenda Modi

«” Los líderes de los sindicatos indios son reticentes a decir cuántas personas hicieron huelga el 2 de septiembre de 2016. Simplemente no pueden ofrecer una cifra exacta. Pero si aseguran que la huelga – la huelga general número 18 desde que la India adoptó su nueva política económica en 1991 – ha sido la mayor jamás habida. Los grandes medios de comunicación – que no son partidarios de huelgas – informaron que el número de huelguistas superó los 150 millones de trabajadores. Varios periódicos sugirieron que 180 millones de trabajadores indios abandonaron el trabajo. Si fue así, se trataría de la huelga general más grande de la historia de la que se tiene noticia.

Y, sin embargo, casi no ha tenido eco en los medios de comunicación. Pocos artículos de primera página, menos fotos aún de trabajadores manifestándose fuera de sus fábricas y bancos, plantaciones de té y estaciones de autobuses sin actividad. La sensibilidad de los periodistas sólo rara vez puede romper el muro de cinismo levantado por los propietarios de la prensa y de la cultura que les gustaría crear. Para ellos, las luchas de los trabajadores son un inconveniente para la vida diaria. Es mucho mejor para los grandes medios de comunicación dar la imagen de las huelgas como una perturbación, como una molestia que deben sufrir unos ciudadanos que parecen vivir al margen de los trabajadores. Es el rencor de clase media lo que define la cobertura de la huelga, no las reivindicaciones de los trabajadores a la hora de esta acción sincera y difícil. La huelga es tratada como algo arcaico, como un vestigio de otra época. No se ve como un medio necesario para que los trabajadores expresen sus frustraciones y esperanzas. Las banderas rojas, las consignas y los discursos son descritas de forma vergonzosa. Es como si al apartar la vista de alguna manera se obligará a la huelga a desaparecer.”»

Esta huelga, como las anteriores, trata sobre las condiciones de vida y sobre el derecho a la huelga. Una nueva ley sindical puede aprobarse en esta legislatura. Significaría la muerte del sindicalismo en la India. Las declaraciones de Tapan Sen sobre la esclavitud parecen menos hiperbólicas en este contexto. Si los trabajadores no tienen poder, entonces están efectivamente esclavizados en la empresa. Ya hay casos de fábricas que operan casi como campos de concentración.

En India existen 680 millones de personas que viven en la pobreza extrema. La mitad de la población de la India se ven privados de los fundamentos de la vida, como alimentos, energía, vivienda, agua potable, saneamiento, sanidad, educación y seguridad social. La mayoría de los trabajadores y campesinos se cuentan entre los desposeídos que jamás alzan la voz para protestar. El noventa por ciento de los trabajadores de la India están en el sector informal, donde la protección en el lugar de trabajo es mínima y su derecho a formar sindicatos prácticamente inexistente.

El principal objetivo del gobierno es aumentar la tasa de crecimiento de la India, que – a juzgar por el ejemplo de cuando era Primer Ministro del Estado de Gujarat – se puede lograr mediante el canibalismo de los derechos de los trabajadores y el medio de vida de los pobres. La venta de bienes del Estado, las concesiones enormemente lucrativas para las empresas privadas y la apertura de las puertas de la economía de la India a la inversión extranjera directa son los mecanismos escogidos para aumentar la tasa de crecimiento. Ninguna de estas estrategias, como incluso el Fondo Monetario Internacional reconoce, contribuirá a la igualdad social. Esta estrategia de crecimiento provoca una mayor desigualdad, menos poder para los trabajadores y más privaciones.

Recientemente en la G20 Piñera sostuvo una reunión con el Primer Ministro de India, Narendra Modi, para ampliar comercio bilateral entre ambas naciones. El mandatario chileno se mostró interesado en conocer detalles de las iniciativas del gobierno de Narendra Modi que ha reforzado su compromiso con la ‘reforma del mercado laboral’ – es decir, la destrucción de los sindicatos y la flexibilización del derecho de despedir a los trabajadores a voluntad de los empresarios.

Cabe señalar, Chile fue el primer país latinoamericano que individualmente logró firmar un acuerdo comercial con India. El intercambio comercial entre los dos países ascendió a US$2.976 millones en 2017, de los cuales US$2.169 millones fueron exportaciones chilenas.

Piñera como empresario está ampliamente informado de las condiciones laborales de la India, un paraíso para la explotación del libre mercado.

Sólo el cuatro por ciento de la fuerza laboral de la India está sindicalizada. Si estos sindicatos lucharan meramente para defender sus débiles derechos, su poder se erosionaría aún más. El poder sindical ha sufrido mucho desde que la economía de la India se liberalizó en 1991, con las sentencias del Tribunal Supremo contra la democracia sindical y con la cadena de producción mundial enfrentando a los trabajadores indios contra los trabajadores de otros lugares.

Los trabajadores informales poco y nada conocen de sus derechos sindicales. Jamás han leído a Marx y Engels, son mano de obra barata al servicio del capitalismo.

La lucha de clases no es una invención de los sindicatos o de los trabajadores. Es un hecho de la vida para la mano de obra en el sistema capitalista. El capitalista, que compra la fuerza de trabajo de los trabajadores, busca que esa fuerza de trabajo sea tan eficiente y productiva como sea posible. El capitalista retiene los beneficios de esa productividad, arrinconando a los trabajadores en sus barrios de chabolas por la noche para intentar recuperar la energía necesaria para volver al día siguiente al trabajo. La esencia de la lucha de clases es esa presión de los capitalistas para que sean más productivos y para desposeerles de las ganancias de su productividad. Cuando el trabajador quiere una parte mayor de lo que produce, el capitalista no escucha. Es la huelga – un invento del siglo XIX – lo que proporciona a los trabajadores una voz para actuar en la lucha de clases de manera consciente.

En la India, la primera huelga que se tiene registro, tuvo lugar en abril y mayo de 1862, cuando los trabajadores ferroviarios de la estación de tren de Howrah pararon para reivindicar el derecho a una jornada de 8 horas.

En el estado de Gujarat que durante 12 años gobernará el actuar Primer ministro Narenda Modi, aplicando un esquema económico favorable a las empresas con flexibilización del mercado de trabajo.

en septiembre de 2015, los diez sindicatos convocantes llamaron a la huelga para manifestarse en contra de las medidas de reforma laboral impulsadas por el gobierno de Narendra Modi, líder del Partido Bharatiya Janata. Pero además de esto, los sindicatos se expresaron en contra de las privatizaciones, que han sido parte central del programa político de Modi. Una de sus principales medidas al frente del gobierno nacional ha sido atacar los derechos de los trabajadores. La reforma propuesta facilitaría la contratación y el despido de trabajadores por parte de las empresas, y haría más difícil para los empleados la sindicalización y el ejercicio del derecho a huelga.

El interés de Sebastián Piñera en profundizar nuevos acuerdos comerciales con India, esta relacionado con los límites al crecimiento que se presentan en China de forma cada vez más evidente, los ojos se vuelven hacía la India como próximo sitio de acumulación capitalista y explotación asalariada a gran escala. Con una fuerza laboral de 480 millones y un crecimiento anual estimado de la población trabajadora urbana de 10 millones para las próximas 4 décadas, se espera que el mercado laboral indio supere al chino en los próximos 10 a 15 años.

La liberalización del mercado laboral que intenta imponer Modi se inscribe en este escenario. El objetivo explícito es atraer las inversiones extranjeras, y solo hay una forma de hacer eso: ofreciendo mano de obra barata y con escasos derechos.

Sin embargo, la respuesta de los sindicatos no se ha hecho esperar. La huelga general con gran acatamiento en todo el país, representa un obstáculo importante para la agenda pro-empresarial del primer ministro indio.

«”En 2018 los agricultores han llevado a cabo numerosas protestas y al menos tres marchas multitudinarias: mareas de decenas de miles de trabajadores del campo que caminan juntos cientos de kilómetros para plantarse en Delhi, la capital del país, y Bombay, el centro financiero, con el objetivo de visibilizar su situación ante las autoridades y ante los ciudadanos urbanos. Más de la mitad de la población india vive de la agricultura.

Los agricultores indios, que en sus movilizaciones inundan las ciudades de gorros rojos y banderas con la hoz y el martillo, denuncian que viven asfixiados por las deudas contraídas en préstamos agrícolas; deudas impagables en años de sequías y malas cosechas. Demandan la prometida exención de esos pagos, así como unos precios mínimos justos y tener derechos sobre la propiedad de la tierra, que en muchos casos se encuentra en manos del departamento forestal.

Los agricultores se sienten traicionados por un gobierno que llegó al poder en 2014 con grandes promesas en torno a la economía y los trabajadores. Cinco años después, el desempleo ha ido aumentando (11 millones de indios perdieron su trabajo en 2018) y las respuestas del Ejecutivo no convencen a los manifestantes. Tanto en 2015 como en 2016 se vivieron dos huelgas generales con paros de más de 100 millones de trabajadores. India, hogar de 1.300 millones de habitantes, tiene un mercado laboral de unos 400 millones de personas. “»

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