Venezuela el verdadero rostro del fascismo a dos años del crimen de Orlando Figuera


AITUE NOTICIA

El 20 de mayo 2017 las imágenes de un joven ardiendo en llamas, a causa del odio fraticida de la derecha venezolano. Los responsables intelectuales de este crimen gozan de total impunidad, algunos huyeron de Venezuela, otros escondidos en las embajadas de España y Chile.

“Hubo investigaciones pero creo que no fueron suficientes. No hay nadie condenado por lo que le hicieron a mi hijo”-Inés Esparragoza

Desde la Fiscalía, señalaron queel caso sigue bajo investigación. “Se logró identificar a uno de sus agresores, a quien se le dictó orden de aprehensión por los delitos de instigación pública, homicidio intencional calificado y terrorismo, pero se encuentra evadido en Colombia”.

Orlando Figuera murió en 2017 tras ser apuñalado y quemado por manifestantes opositores durante las protestas convocadas por la oposición venezolana.

Dos años después del crimen, su madre busca justicia y paz en su país, donde se registraron varios casos similares que llevaron al Gobierno a legislar contra los crímenes de odio. Por su parte los líderes de la derecha golpista, han tratado de justificar los hechos de odio y violencia, que ellos mismos han promovido y alentado.

«A Inés Esparragoza le duele cerrar los ojos. “No es fácil porque lo primero que veo al cerrarlos es a mi hijo así”, se desahoga. Le gustaría recordarlo de otra forma, y lo consigue casi siempre, pero hay dos escenas agarradas con fuerza a su retina. La primera es la de su hijo en la unidad de cuidados intensivos del hospital. “Cuando abrí la puerta… Trágame tierra, pensé. Estaba allí, desnudo. Me dijo: Bendiciones, mami. Puso la boca para que lo besara pero yo no encontraba por dónde. Estaba todo golpeado, con un ojo morado, la cara hinchada y el cuerpo lleno de quemaduras”, describe la mujer entre largos silencios durante los que aguanta el llanto pero no las lágrimas. La segunda imagen que muerde sus ojos cerrados la vio por televisión, justo después del funeral, después de “aquellos 15 días de pura agonía”, los peores que ha pasado en sus 44 años de vida. “Muere Orlando Figuera”, rotulaba el noticiario del 4 de junio de 2017 mientras mostraba un cuerpo envuelto en llamas que corría sin rumbo ni esperanza, buscando ayuda a tientas entre la multitud que le había prendido fuego. “Fue la única vez que vi esas imágenes. Me avisó mi nieta. Mira, el tío Orlando está en la televisión, me dijo”. Otra vez silencio y lágrimas.»

La prensa internacional el crimen de Orlando dejó de ser noticia, en el mismo momento que se supo la verdad de los autores de este deplorable linchamiento por ser chavista, perpetrado por una horda de manifestantes motivados por el odio.

El 20 de mayo de 2017 en la Plaza de Altamira —en el municipio de Chacao, al este de Caracas—, punto neurálgico de las protestas opositoras más violentas que se recuerdan. Abarcaron desde abril hasta principios de agosto, más de 130 días de guarimbas, de jóvenes encapuchados, de barricadas en las calles y de cócteles molotov. Una bien organizada y financiada guerrilla urbana, con grandes recursos económicos provenientes de la CIA para desestabilizar al gobierno chavista. Venezuela comenzaba a transitar una profunda crisis económica, que afectaba principalmente a los sectores de menos recursos. Esta situación fue aprovechada políticamente por la derecha golpista venezolana. Logrando tomar el control político del Parlamento, desde la Asamblea Nacional la oposición lograría uno de sus objetivos de transformar una de las instituciones del Estado, en su espacio de articulación de la conspiración contra el gobierno constitucional de Venezuela.

Nicolás Maduro convocaría a participar en el proceso constituyente, la oposición golpista no participaría de este proceso, logrando presionar por meses las calles y poner en riesgo la paz. Difícilmente un gobierno que no tenga una base social de apoyo, hubiese logrado enfrentar está escalada de violencia que costaría la vida de venezolanos enfrentados por el odio. Dentro de las víctimas fatales la mayoría son gente ajenas a la élite socioeconómica venezolana.

Ese 20 de mayo Figuera había salido de su casa de madrugada para ganarse la vida ayudando a encontrar aparcamiento y cargando bolsas de la compra de los clientes de un mercado de Las Mercedes, en Caracas. Se le hizo tarde y avisó a su madre de que no volvería a casa. Eran casi dos horas de viaje en tren desde la capital y prefirió pasar la noche en casa de un tío suyo, en el barrio de Petare. Pero nunca llegó hasta allí. Dice su madre que por el camino se cruzó con el odio antichavista. El joven vestía camiseta color vino tinto y llevaba una mochila, recuerda la mujer. A la altura de Altamira, Figuera se topó con la turba dirigida por activistas de derecha, cuyo único objetivo era sembrar el caos y víctimas fatales.

El crudo relato de una madre no, nos puede dejar indiferente y ser cómplice de esa prensa internacional que calla la verdad. «“Lo apuñalaron, lo lincharon, le echaron gasolina y le dieron candela. Lo quemaron vivo porque era negro y porque era chavista”, sentencia Esparragoza. Así se lo explicó su hijo con el hilo de voz que le quedaba cuando lo localizó en el hospital, al día siguiente de que la turba de encapuchados que pedía democracia se cebara con él de esta forma. “¿Tú eres chavista sí o no?”, le preguntó uno de los manifestantes. “Mami, respondiera lo que respondiera me iban a matar. Dije que sí. Soy chavista, qué pasa”, dice el hijo por la boca de la madre. Antes de eso, el joven ya había recibido varias puñaladas en el abdomen y las piernas. “Primero alguien le acusó de ser un ladrón y varios le empezaron a pegar. Echó a correr cuando sintió la primera puñalada, en la nalga. Después lo metieron en un corro de gente y uno de los que estaban allí le preguntó si era chavista. Lo quemaron y él corrió pidiendo ayuda pero decía que sólo le insultaban, que le golpeaban con los escudos que llevaban y que se burlaban de él. Le decían que era un maldito negro”, rememora Esparragoza.»

Con voz atrapada por ese latente dolor señala: mi hijo no era un delincuente, trabaja en lo que podía para salir adelante, no tenía ninguna militancia política.

“Estamos agradecidos al chavismo. Hizo mucho por la gente que menos tenía. Yo, por ejemplo, pude graduarme gracias a la misión educativa para adultos y gracias a eso pude encontrar trabajo ayudando a las personas de bajos recursos como yo a hacer sus solicitudes para vivienda y otros trámites”.

Los investigadores del odio son responsables ideológico

opositores a personas que pasaban por el lugar equivocado en el peor clima de la confrontación política y social de la historia reciente de Venezuela La Fiscalía y el Gobierno han establecido documentadamente a lo menos cinco crímenes similares, además de 23 agresiones de grupos de opositores en las que las víctimas resultaron heridas, algunas también quemadas, al ser tachadas de chavistas.

Inés no duda en señalar a los responsables políticos del crimen de su hijo. «“En la guarimba que atacó a mi hijo había varios dirigentes de la oposición, creo sinceramente que ellos son los responsables políticos de las muertes como la de Orlando, por eso no quise ir cuando me invitaron recientemente a un acto de homenaje a los muertos de las protestas”, argumenta mientras levanta un dedo por cada nombre de los políticos opositores que pasaron por Altamira aquel doloroso 20 de mayo: María Corina Machado, Julio Borges, Lilian Tintori, Miguel Pizarro.»

De estos hechos de violencia los gobiernos que hoy reconocen a un presidente impuesto por EE.UU son cómplices con su silencio. Por su parte Michelle Bachelet desde su cargo en la ONU, hasta ahora no se ha pronunciado y menos condenado públicamente. Bachelet recientemente condenó la violencia contra la población civil en México, ninguna vida es menos o más valiosa, es lo que se espera de quien ha usado las situaciones de prisión política y tortura a manos de los esbirros de la dictadura de Pinochet, para posicionar su imagen internacional de defensora de los DD.HH.