Un año del crimen de Mauricio Fredes “Lambi”


Armando Romero Editor periodístico Radio Liberación Miguel Enríquez Primera Línea

Durante la tarde noche del 27 de diciembre del 2019, Fredes murió tras caer a una fosa ubicada en Irene Morales con Alameda, carabineros arremetió disparando al cuerpo y lanzando gran cantidad de lacrimógenas. Para el Lambi aún no hay justicia, su abuela Sara observa desde su modesta casa pasar la indiferencia y ese olvido latente, que parece ser parte de esta sociedad encadenada a sus temores y derrotas.

La pluma desatada de un weichafe de la primera línea, deja plasmada esa realidad y coraje de quienes desde el primer día Dan cara a la yuta bastarda…son mis hermanos de lucha, una generación sin miedo y no son unos “pendejos” el termino despectivo que utiliza cierto individuo que se dice prensa popular y que refleja su desprecio por esta generación de weichafe.

Hoy se cumple un año del asesinato del Lambi. Los que estuvieron en estas fechas, recordaran que ibamos bajando en numero por las “vacaciones”, y que la yuta bastarda seguía subiendo sus niveles de represión. Muchos no conocimos al Mauri personalmente, pero todos escuchamos ese grito qlo de muerte ese día. “Mataron a un compañero”, “Cabros, cayó un hermano”, y así se iba multiplicando la voz. A esa altura, ya no sabíamos si los culiaos nos mataban a balazos u otra cosa. Seguíamos cayendo. Y ese espiral de caídas, se firmó con el asesinato del Conejo. Noviembre (diría que desde que cegaron a Gus) en adelante, la yuta se ensañó absolutamente con nosotros. Año nuevo mientras las banderas y los cantos ondeaban felices en Dignidad, para nosotros fué una absoluta pesadilla de dolor y muerte. Pero ahí estuvimos. Ciertos de que el coraje de octubre ya lo era todo. Ciertos que a la revueta no la acallaba nadie. Aunque en las calles se veía que eramos menos, que ibamos menos, que finalmente seríamos menos. Los menos.
Muchisimos de mis hermanos aun cargan balines, aun cargan secuelas, muchisimos ya no tienen sus dos ojos y muchisimos mas sacrificaron su libertad por ese coraje de un octubre que parecia imposible. Un octubre donde la dignidad aun iba a ser costumbre.
Hoy, un año después, yo no fuí baleado, pero sí terminé cayendo. Un año después, seguimos siendo los mismos de ese diciembre. Los que no compramos que la revolucion de octubre tenia que tener vacaciones. El mundo que queriamos iba a ser posible para todos…
Mañana es la marcha por el asesinato del Lambi. …arriesgo ser otro pp sin mas armas en la mano que muchos elogios y la nostalgia de haber vivido una revuelta…como supero mi pena?
Quedamos no solo atrapados en la vida. Yo quedaré por siempre atrapado este y todos los días que vengan… pararme hombro a hombro con mis hermanos, y como lo he hecho siempre, me hacen sentir el peso silente de esta dictadura. Porque apagaron mi kpucha. Ahora, en este ahora, solo me queda ahogarme en la pena de no volver y decir que el Lambi vivirá por siempre. Como lo hará el Conejo y el Neco…quizas eso amilane el dolor un poco por ahora…
Nunca dejare de ser parte de ese sueño, lo recuerdan? El que pedia la dignidad como costumbre?

Arranca Mauri”…lo que alcancé a escuchar…lo unico que escucharé este día…prefiero obviar lo que sigue…” De un hermano De un weichafe. Desde algún punto de Chile.

La sentidas palabras escritas con esa rabia que muchos llevamos pegada en la piel, a sangre y fuego 🔥…son ese grito de justicia y dignidad que estalló ese 18 de octubre…es parte de siglos de injusticia y de represión a los pueblos.

Las historias de siglos de injusticia y crímenes, han pintado los silencios de esa (R) de un pueblo…

Demos esa mirada a ese pasado no lejano, donde el temor se sentó en la mesa de muchos hogares en Chile.

Testimonio para la Memoria Histórica

<“Una madrugada de abril de 1975, en las poblaciones del sur de Santiago, agentes de la policía civil de la dictadura se introducen violentamente en decenas de hogares de chilenos, arrancando de ellos a los hombres, sin importar su edad. No hay explicaciones.

Jóvenes, niños, adultos y ancianos son maniatados, encapuchados y conducidos al frío pasillo del cuartel general de la Policía. Allí son golpeados con extrema dureza y sometidos a diversos tipos de tortura. Sus cuerpos desnudos son amarrados, fuertemente boca abajo con gruesas correas, a un banco metálico. Les introducen por sus anos un electrodo que llevará la electricidad directamente a sus entrañas. Otros son colgados, también desnudos, y con una picana les aplican electricidad en sus partes más sensibles.

Mientras sus cuerpos se convulsionan, los agentes les interrogan al tiempo que, dependiendo de la respuesta que reciben, aumentan la intensidad de la electricidad. Así, el frío pasillo se transforma en una sala de espera, donde todos escuchan los gritos de insoportable dolor de quienes son sometidos a la tortura. Los gritos de los torturados son otra forma terrible de castigo para quienes aguardan su turno, sobre todo, cuando identifican a algún amigo, compañero, hermano, o papá.

Pasan muchas horas. Ha sido una redada masiva, por lo tanto, los agentes debieron trabajar toda esa noche y parte del otro día. El trabajo de esos agentes ha terminado, pero para los secuestrados es el comienzo. Ellos son divididos en grupos y entregados al siniestro servicio de inteligencia de la dictadura: la DINA.

Sus ojos son cubiertos con cintas adhesivas, y sus cuerpos apiñados en diversos vehículos que, ocultos por la oscuridad de la noche, atraviesan las calles de Santiago con destino al centro de interrogatorio y tortura de Villa Grimaldi.Mientras tanto, sus familiares los buscan e interponen recursos de amparo, pero las autoridades los niegan.

Están en calidad de detenidos-desaparecidos. Los reciben con duros golpes de pies, puños y culatazos de sus armas. Hacen bromas, ríen, dicen que ya vienen «más estrujados que un limón». Son divididos en grupos de a dos o tres para ser encerrados en casetas de madera de un metro cuadrado. Son vendados y amarrados. Al lado se escuchan las voces que interrogan a otro detenido. Lo amenazan con traerle a su madre para que hable. Luego de un largo silencio se escuchan voces, gritos y llantos de una mujer, y dos niños, pequeños aún. A ella le preguntan por las actividades de su esposo.

Pasan muchas horas, quizás días y noches. Pierden la noción del tiempo. Nuevamente se escuchan voces. Son de los agentes de la DINA. Interrogan a otro detenido. Las voces se vuelven gritos al recibir el silencio de su víctima por toda respuesta.

Se entiende claramente lo que dicen. Y así nombran al detenido. «Ciro: aquí tenemos a tus hijos y a tu mujer, así que habla…» Es Isidro Arias Matamala, un militante del MIR, músico de la Orquesta Filarmónica de Chile. Quienes escuchan desde sus celdas lo reconocen. Alguien intimida :«Ciro y la reconcha de tu madre que te parió, habla, habla huevón, tu mujer ya nos dijo todo…». Luego silencio. Se sienten golpes, luego, silencio.

Se escuchan instrucciones para aplicar la electricidad. Después, silencio, silencio, silencio. Tras un largo rato, nuevamente voces y carreras, instrucciones y gritos del jefe de los torturadores que interpela a su equipo: ¡Por qué lo dejaron solo! ¡Apúrense que se nos va! ¡Reanímalo! ¡Traigan al médico! Todos los detenidos escuchan en silencio. Silencio. Ni un solo gemido, ni un solo grito. Ciro ha muerto en la tortura. Lo asesinaron.

¿Cómo logré sobrevivir a tanto horror? Un 19 de junio de 2012, después de treinta y siete años, me encuentro sentado frente al juez Mario Carroza, en la Corte de Apelaciones de Santiago, que investiga la muerte de varios centenares de chilenos en la época de la dictadura. Presto declaraciones como testigo.

No sé si la memoria me acompañe. Los recuerdos vienen y se van. Se mezclan con otros hechos y situaciones que viví durante la dictadura. El asesinato de mi hermano Alejandro Rodrigo Sepúlveda Malbrán, dirigente del MIR, las detenciones y el exilio de mis padres y hermano menor.

Las dos relegaciones al altiplano chileno junto a dirigentes sindicales, a más de 4500 metros de altura. La prisión y la condena por asociación ilícita, cuando era ilícito organizar un sindicato, y, luego, el exilio.

Prácticamente treinta años fuera de mi patria. Pero, increíblemente, consigo ordenar mis recuerdos y entregar todos los antecedentes y mi testimonio al ministro Carroza.” >

Alejandro Rodrigo Sepúlveda Malbrán, dirigente del MIR. Caído en falso enfrentamiento, ejecutado por efectivos de carabineros. Hoy que aprueban nuevas leyes represivas, con la finalidad de aplastar la lucha popular y lograr instalar el miedo en la población. Se hace necesario dar una mirada a esa historia de ese tiempo, cuando la vida nos fue negada y esa Primera Línea de esos años, fue perseguida y muchos fuimos prisioneros políticos. 》

LOS REPRESORES DE AYER, LOS MISMO DE HOY

A no olvidar el “copamiento de la Intendencia preventivo ” en la tarde un incendio consumió el Cine Arte Alameda, por acción directa de disparos de proyectiles realizados por carabineros al techo del inmueble,

que era utilizado para brindar primeros auxilios. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) había expresado su preocupación por los hechos de violencia y el uso desproporcionado de la fuerza por parte de Carabineros de Chile en las protestas.

Fue así que el sheriff Felipe Guevara, autor intelectual de la represión policial, no dudo en continuar con su odio y desprecio por este crimen que permanece impune…ordenado durante los primeros días del confinamiento la destrucción del memorial levantado por el pueblo, como testimonio y repudio por su muerte a causa del actuar represivo de carabineros.

La ex calle Irene Morales, paso por voluntad popular a ser conocida con el nombre de Mauricio Fredes. Todo lo demás a sido borrado por este gobierno, como si la memoria pudiese ser blanqueada, como a sido en el pasado institucionalizado el olvido latente de la memoria.

Desde la zona sur se realizaron homenajes y acciones de lucha, en memoria del Lambi como lo conocían en la población.

Los rescatistas que estaban presentes ese 27 de diciembre, jamas podrán olvidar los angustiante momentos vividos…luego de que Mauricio Fredes cayera a la fosa, los pacos continuaron lanzando lacrimógenas y agua al lugar, inundándolo, e impidiendo intencionalmente el rescate de la víctima, durante algunos minutos, a sabiendas del grave riesgo que corría. El número del carro lanza aguas que estaba en lugar era el 49, sin ningún acto de humanidad los funcionarios abordo, parecían disfrutar de la desesperación y angustia de los voluntarios de salud, quienes trataban de rescatar a Mauricio Fredes.

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